Osteopatía Sacro Craneal

William Garner Sutherland (1873-1954), discípulo de Taylor Still (precursor de la Osteopatía), descubrió un nuevo dato de la fisiología: la existencia de un movimiento, desconocido hasta entonces, que tiene su origen en el cerebro y que se llamaría movimiento respiratorio primario (en inglés C.R.I. “crania rythmic impulse”).

G. Sutherland descubre que en el cráneo existen ciertos bordes que parecen hechos para deslizarse uno sobre otro, las suturas. Según se lo describían en la mayoría de los libros, el cráneo una vez concluido el periodo de crecimiento, queda completamente soldado.

La cuestión era, si cualquier hueso llegado a su fase final de crecimiento, suelda y no queda sutura, ¿Porqué en el cráneo sí?
Sutherland descubrió que el líquido cefalorraquídeo (LCR) o líquido cerebro espinal (LCE) era el motivo.
El LCR es una sustancia similar al plasma que circula principalmente por el espacio subaracnoideo, ventrículos cerebrales y canal medular central. En nuestro cráneo fluctúa y se produce un movimiento de expansión y compresión, que de no existir esas suturas, provocaría una fuerte presión en el cráneo. Por lo tanto, las suturas de los huesos del cráneo hacen que exista una pequeña movilidad entre las estructuras.

Sutherland describió el movimiento detallado de cada uno de los huesos craneales, sus ejes de movimiento y la sincronicidad de todos. También descubrió que en determinados casos estos movimientos estaban alterados, y que la fluctuación del LCR también. Esto llevó a crear técnicas que permitían al terapeuta evaluar y controlar el movimiento de cada una de las estructuras.

¿Qué función tiene el LCR?

Como antes expliqué, el LCR o LCE, se crea en los ventrículos cerebrales, circula por el espacio subaracnoideo a lo largo de la médula y se reabsorbe a través las vellosidades aracnoideas.
Todos estos nombres que nos resultan a la mayoría imposibles de ubicar en nuestro cuerpo, podemos resumirlo en que el LCR se crea en unos órganos que tenemos alojados cerca de la base del cráneo.
El líquido circula por un canal entre dos membranas de la médula y el sistema nervioso, acabando su ciclo cuando es drenado a través de algo que podíamos denominar como racimos, que sirven de válvula de salida hacia el aparato circulatorio.

El movimiento del líquido es rítmico y los ciclos oscilan entre 5 y 15 movimientos de creación y reabsorción por minuto, dependiendo de cada persona. No sólo es un movimiento que surge antes que el respiratorio, ya que comienza a realizarse aún en la fase de gestación; cuando fallecemos, este líquido sigue fluctuando durante horas.

Estudios que se realizaron introduciendo contrastes, indican que se encuentran muestras de líquido cefalorraquídeo en cualquier terminación nerviosa.

Muchas de las funciones que el LCR aún están por descubrir. Entre las que se conocen:

  • Protector y lubricante en el funcionamiento eléctrico del Sistema Nervioso
  • Drenaje de residuos del propio Sistema Nervioso
  • Sirve como flotador de nuestro cerebro, al rodearlo, funciona de amortiguador
  • Equilibra la presión intracraneal
  • Medio de transporte de hormonas
  • Ayuda en el sistema inmunológico para proteger el Sistema Nervioso

¿Qué factores influyen para que no haya una buena fluctuación del LCR?

  • En los bebés ayudados en el parto con ventosas, forceps.
  • Un traumatismo directo en el cráneo
  • Problemas en la zona cervical alta
  • Tensión mandibular. Mala oclusión dental
  • Tras un embarazo
  • Caída sobre el cóccix

Podemos encontrarnos con dos tipos de situaciones, que el líquido no tenga una buena fluctuación (movimiento arrítmico), o que esté disminuida la capacidad natural de crear LCR o de reabsorberlo.

¿Porqué tratar la movilidad craneal?

A través del movimiento de cada hueso del cráneo podemos controlar el movimiento del líquido cefalorraquídeo y devolver el equilibrio de la fluctuación del mismo.

El osteópata puede evaluar y liberar las estructuras del cráneo, permitiendo recuperar su libre movimiento. Las tensiones internas del cráneo disminuyen, la circulación sanguínea encefálica mejora, y todo el sistema nervioso central  se oxigenará, creando una mayor capacidad de auto curación.

¿Qué podemos tratar con la Osteopatía Craneo Sacral?

Numerosas patologías son susceptibles de ser tratadas con terapia Sacro Craneal. Es totalmente inocua salvo en casos de aneurisma, cualquier hemorragia intracraneal o reciente fractura o fuerte traumatismo en el cráneo.
Es indicada para todo el mundo, incluidos bebés y embarazadas. No hay dolor en el tratamiento, ya que se ejerce una suave presión sobre las estructuras que se movilizan.

Cualquier restricción de movilidad articular o lesión muscular puede ser tratado con técnicas de Osteopatía Sacro Craneal, ya que el líquido cefalorraquídeo, como indicamos anteriormente, llega a todas las terminaciones nerviosas. Todas las estructuras y tejido tiene un movimiento relacionado con el LCR, y puede ser tratado como tal.

Las patologías más habituales tratadas específicamente con Osteopatía Sacro Craneal son entre otras:

  • Migrañas y cefaleas
  • Mareos y vértigo
  • Insomnio
  • Sinusitis
  • Hiper e hipotensión arterial
  • Asma
  • Trastornos de déficit de atención e hiperactividad
  • Acúfenos y otitis crónica
  • Pérdida de memoria, falta de concentración
  • Estrés y ansiedad

El tratamiento Craneo Sacral es muy relajante, efectivo para el estrés, ansiedad y depresión, así como para ayudar en la mejora de lesiones crónicas en el Sistema Nervioso.

¿Cómo es una sesión de Osteopatía Sacro Craneal?

El paciente está tumbado y vestido durante toda la sesión. El terapeuta trabajará en mayor parte en el cráneo, realizando una presión muy suave para diagnosticar el movimiento del LCR.
Cuando se realiza una presión mayor de la indicada, se detecta el movimiento que tienen las estructuras derivado de la inspiración y espiración pulmonar. Esto requiere una habilidad y experiencia por parte del osteópata para realizar la terapia de manera correcta.

La detección del este movimiento primario hace que el osteópata pueda controlar la movilidad de los ejes de todas las estructuras óseas craneales y con ello el ritmo de creación y absorción del LCE.

Se requiere la sincronización del movimiento en la base del cráneo con el eje del sacro. La tensión recíproca que se produce en las meninges (membrana que recubre la médula y el cerebro) hace que estas dos estructuras tengan un movimiento en sincronía que el terapeuta no debe obviar.

La sesión puede durar entre 30 y 45 minutos y se recomienda no realizar actividades que requieran una gran atención en una media hora después del tratamiento.

Las sensaciones que describen muchos pacientes son dispares. En todos hay una relajación general, algunos casos llegan a entrar en fase de sueño, coincidiendo con el restablecimiento del ritmo adecuado del LCR.
Hay pacientes que indican alguna perturbación emocional durante la sesión, ganas de reír, llorar, necesidad de hacer inspiraciones profundas.
Pacientes describen sensaciones que algunos autores relacionan con las que vivimos cuando flotamos en el líquido amniótico durante la gestación.

Con la terapia Craneal mantenemos una buena salud de nuestro sistema nervioso, mejoramos las funciones cerebrales, estimulamos nuestro sistema inmunológico, entre otros muchos beneficios.