Cómo se instala el dolor en nuestro subconsciente

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Desde hace un tiempo, los que me conocéis personalmente en mi consulta, me habréis oído hablar de hipnosis y de programación subconsciente. Es un tema que me apasiona, porque además he comprobado por mi mismo cómo nuestra mente es capaz de influir en nuestro estado físico.

En mi búsqueda para llegar al origen del problema, no podía dejar de lado el psique. En los 18 años que llevo tratando el dolor articular y muscular, he visto cómo un dolor que se cronifica puede modificar nuestra conducta y hasta la forma de relacionarnos con los demás.

Llegados a este punto, el tratamiento es complicado desde el punto de vista de la osteopatía. Las terapias manuales son de gran ayuda en lesiones articulares y musculares. Incluso he comprobado, que cuando el dolor ya está instalado en nuestra mente, hay un gran alivio y mejoría. Sin embargo, en la mayoría de los casos, el dolor regresa, y cada vez la mejoría es más leve.

Este patrón se repite mucho en pacientes con fibromialgia, síndrome de fatiga crónica, en determinados procesos degenerativos, etc. Muchas de estas personas llegan a consulta cuando su dolor ya ha perdurado durante mucho tiempo, y en su diagnóstico médico se ha sugerido un origen psicosomático, difícil de aceptar por parte del paciente. No es de extrañar, ya que la persona realmente padece lesiones articulares y musculares que justifican el dolor que tienen.

¿Hay realmente un origen psicológico en este dolor? La medicina convencional peca de manejar las estadísticas con demasiada frecuencia. Esto significa un tratamiento poco personalizado, sin tener en cuenta que nuestro organismo no funciona como una fórmula matemática. 2+2 no son siempre 4, y la misma fórmula en personas de parecidas características, pueden dar resultados muy diferentes. 

¿Es recomendable entonces tratar un dolor crónico desde la psicología? Tal vez combinar la terapia manual con un tratamiento adecuado a nivel emocional, sea efectivo. Pero tampoco he visto en mi consulta casos en los que la psiquiatría o la psicología hayan sido el empujón definitivo.

¿Qué sucede en nuestro cerebro cuando lleva instalado un dolor físico durante mucho tiempo?

Nuestra mente subconsciente es un disco duro que almacena información desde nuestros primeros pasos en este mundo. Sobre todo desde los 0 a los 7 años, cuando se instalan la mayoría de nuestras creencias. 
Sin embargo, durante el resto de nuestra vida, podemos continuar la programación del subconsciente. En este caso se puede producir mediante una situación traumática, o por repetición.

La cronicidad de una lesión, es lo que podemos denominar un estado de repetición que acaba almacenando en nuestro subconsciente un patrón de dolor.

Nuestra mente consciente toma decisiones puntuales, nuestro subconsciente procesa si es coherente con las creencias que tenemos programadas y conducirá a la persona al punto en el que está programado.

Conscientemente podemos mentir. Nuestro subconsciente no miente, actúa por una programación, y el resultado al que te lleva es siempre el mismo, sea o no sea conveniente para ti. El subconsciente determina hábitos, motivación, confianza, concentración.

Cuando se produce un dolor durante un largo periodo de tiempo, se acaba instalando en nuestro subconsciente un patrón que no es el más adecuado. Nuestra mente adopta una situación continua en el tiempo como algo que forma ya parte de nosotros.A todo esto ayuda, que la persona que sufre el dolor dedique mucho tiempo en el día a pensar en el dolor, comentarlo en su entorno; o tomar acción para solucionarlo, ya sea acudiendo a citas médicas, hacerse pruebas, ir a terapias. En muchos casos, el dolor acaba siendo el protagonista de nuestra vida.

La persona que sufre de dolor crónico y presta mucha atención a él, no debe culpabilizarse por ello. Es muy difícil abstraerse del dolor, si este es de una cierta intensidad y nos impide hacer nuestra vida cotidiana.

En estos casos, las terapias manuales que traten el dolor pueden ser efectivas, pero si no reprogramamos nuestro subconsciente, el dolor continuará ahí. Es como si nuestro cerebro, a pesar de que la lesión mejore, no quisiera realizar cambios.

No estamos ante una situación anómala. El cerebro va siempre a tratar de protegernos del peligro. 
Nuestros ancestros sobrevivieron gracias a que el subconsciente les ponía en alerta cuando podía acontecer un peligro. 
Hoy en día, a pesar de que en contadas ocasiones puede correr peligro nuestra vida, el cerebro va a tratar de que no cambies los programas instalados, porque entiende que eso puede suponer un peligro.

En muchas situaciones diarias, podemos manejar todo esto desde nuestra mente consciente. Vamos a poner un ejemplo.
La rutina de hacer un determinado camino al trabajo a diario, instala un piloto automático en nuestro cerebro, que hace que hagamos ese camino casi con los ojos cerrados. Muchas veces incluso pensaremos que ha habido un lapsus de tiempo en el que no nos hemos dado cuenta del camino que hicimos. Incluso aunque vayamos conduciendo, puede darse el caso de que no recordemos un cierto tramo del camino.

Conscientemente podremos un día hacer un recorrido distinto. Aunque te aseguro, que si estás pensando en otras cosas, al final tu subconsciente te va a volver a llevar por el camino que haces a diario.

El problema cuando estamos tratando un dolor crónico, es que conscientemente, no estamos seguros de que ese dolor pueda desaparecer. Ahí nuestro cerebro nos tiene ganada la partida. Va a seguir mandando la señal de dolor, porque nuestra mente consciente en realidad lo está esperando. Y así todo va a continuar como había sido durante mucho tiempo. Nuestro cerebro nos protege de un cambio, que nos conduce a algo desconocido y que puede suponer un peligro.

Otro factor que influye para que no cambie el patrón de dolor, que la persona haya sacado partido a su dolencia. Me explico. Por ejemplo, un dolor crónico que nos ha dejado de baja laboral, y que sea una situación que nos resulte cómoda. O que el dolor haya hecho que tengamos más atención por parte de la gente que nos rodea. Nuestro subconsciente ya se encuentra cómodo siendo el objeto de atención de los demás, y va a hacer lo posible por boicotear cualquier situación que cambie ese estatus. 

¿Qué podemos hacer para reprogramar estos patrones?

Hay muchas técnicas que pueden ayudarnos a desinstalar el dolor de nuestro subconsciente.

Primero hay que identificar, qué motivos hay para que nuestro subconsciente siga haciéndonos creer que la lesión sigue ahí.

Una vez identificadas las causas, podemos tomar una de las múltiples herramientas que existen. Desde la hipnosis, técnicas de visualización, liberación emocional, psicología.

Por nuestra parte, podemos ayudar a ese cambio.

Dedica a diario unos minutos a estar en silencio y visualizar las situaciones positivas que van a suceder en nuestra vida sin el dolor. La visualización es una herramienta muy efectiva. Mediante esta técnica podemos recrear una situación y por repetición, instalarla en nuestro subconsciente.

Recuerda que tu subconsciente no distingue la realidad de la ficción. Activarás las glándulas salivares pensando en un dulce delicioso, tanto como si te lo estuvieras comiendo. Lo mismo vas a conseguir si recreas en tu mente una situación en la que realizas esas actividades que tanto te gustaban, y que no podías realizar por tener ese dolor crónico. Esto ayudará poco a poco a instalar un nuevo patrón en tu mente, esta vez de no dolor.

Incluso, aunque la lesión continue, estas técnicas pueden mejorar mucho nuestra calidad de vida. Hay dolencias de tipo degenerativo, que lamentablemente con osteopatía u otras terapias manuales, solo se obtiene un efecto paliativo.

Si la instalación de una creencia en nuestro subconsciente, ha llevado tiempo, su reprogramación no va a ser inmediata. Requiere un trabajo diario, y a la vez manejar desde nuestro consciente los pensamientos y acciones diarias que han grabado el dolor en nuestra mente como un estado «normal».

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